6 de octubre, 2017

*Eliseo Fernández Fernández

 

Tradicionalmente Alemania ha venido encontrándose en la misma disyuntiva geopolítica derivada de su posición central en Europa, orientar su política en dirección al oeste, hacia Francia y el Atlántico, tendencia conocida como la Weltpolitik (Política Mundial o Global); o bien bascular hacia el este, hacia Polonia, los Balcanes, el Báltico, Ucrania, Rusia y más allá, hasta llegar a las estepas asiáticas y el Cáucaso, la Ostpolitik o Drang nacht Osten (Política Oriental y Empuje hacia el Este, respectivamente). Además de estas dos tendencias encontramos la idea de Mitteleuropa, una esfera de influencia económica y cultural alemana en la Europa Central que incluye los países del Visegrado y el Benelux, además de Austria, Suiza, Eslovenia y Croacia.

Cada una de estas tendencias, a su vez, se relaciona con alguna importante escuela geopolítica. La Weltpolitik está asociada con la escuela geopolítica mahaniana , que atribuye al poder naval y al control de los mares el dominio mundial, además de estimular el comercio y el transporte marítimo alemán. Por contra, la Ostpolitik se asocia con la escuela mackinderiana, que pone de relieve el poder terrestre continental y defiende que el control mundial vendrá derivado de controlar la zona pivote en el centro de Asia.

En diversos momentos Alemania se ha decantado por una u otra tendencia, o bien ha sabido combinarlas de forma inteligente. Por ejemplo durante el reinado del Káiser Guillermo II, antes de la Gran Guerra, se puso el acento en la expansión ultramarina y el comercio mundial, al mismo tiempo que el canciller Bismarck se encargaba de mantener el equilibrio con Rusia y Austria-Hungría. Por otro lado, la ocupación alemana de amplios territorios en el este de Europa en 1918, tras la derrota de Rusia en la Primera Guerra Mundial, causó que los nazis se obsesionasen con la creación de un imperio colonial en Rusia y acceder al Cáucaso y Siberia como paso previo a la dominación mundial.

Tras la Segunda Guerra Mundial, la separación del país y la propia separación de Europa en dos bloques no dejó más alternativa a la Alemania Federal que encaminarse de nuevo y de forma radical hacia la Weltpolitik. Se construye el Eje Franco-Alemán, pilar y base de la Unión Europea actual, y se dan los pasos para establecer relaciones comerciales a nivel mundial con Europa Occidental y Estados Unidos, el Eje Atlántico, como socios principales y fundamentales. Con la lenta apertura del bloque soviético en la década de los 70, Alemania vuelve a acercarse a la Mitteleuropa, que con la caída del muro queda dentro de su órbita económica, prosiguiendo su expansión por antiguas áreas de influencia germana como Ucrania y el Báltico.  

Así, en tiempos recientes podríamos concluir que Alemania ha venido combinando sus tres tendencias históricas. Por un lado mantiene fuertemente la Weltpolitik, con el Eje Franco-Alemán como base de la misma y como la principal responsable de la prosperidad alemana mediante la exportación de sus productos industriales; mientras tanto, ha logrado innegables progresos en el establecimiento de una nueva Mitteleuropa, con la fuerte expansión de su economía y la deslocalización industrial hacía los países del Visegrado, que forman parte integral de la economía alemana. Por último, los intereses económicos alemanes avanzaban en el este, por los países bálticos, Ucrania y el Cáucaso.

Resulta determinante analizar y comprender estas tendencias geopolíticas alemanas dado el actual papel de Timonel de Europa que detenta, desde el inicio de la crisis económica de 2008 e incluso antes. Allá donde Alemania pose su mira lo hará Europa, algo que explica que tras el fin de la Guerra Fría la Unión Europea se expandiera por Europa Central y del Este, donde predominan fundamentalmente los intereses económicos alemanes.

Por ello, es interesante señalar que en estos momentos y en un intervalo de tiempo relativamente corto se han venido produciendo importantes amenazas y problemas en los tres Ejes de expansión geopolítica alemanas. Es importante analizarlos y tratar de ver qué decisiones adoptará Alemania, pues éstas influirán decisivamente en la actuación de la UE.

La primera contingencia seria que se encontraron Alemania y la UE fue la oposición de Rusia a la creciente expansión de la influencia política y económica en sus países cercanos, que el Kremlin considera que pertenecen a su esfera de influencia. El choque se produjo con la crisis de Ucrania en 2014, deviniendo en un conflicto armado y la anexión de Crimea por Moscú, empeorando las relaciones de todo Occidente con Rusia y adentrándonos en una dinámica conflictiva de sanciones económicas. La gravedad de este conflicto podría llegar a afectar nuevamente a buena parte de Europa Oriental y Central, que dependen del gas y petróleo rusos para algo tan fundamental como evitar la muerte de sus ciudadanos por congelación en invierno; en resumen, se podría llegar a producir otra “guerra del gas” como la de 2005 o la de 2014, con resultados previsiblemente más graves.

Por otro lado, la crisis de los refugiados de 2015 terminó con 1.500.000 refugiados mayoritariamente de religión musulmana llegando a Alemania en un corto espacio de tiempo a través de la ruta de los Balcanes. Este tránsito masivo, incitado en parte por las declaraciones de Angela Merkel, junto con la posterior política de reparto entre los socios europeos, ha generado importantes roces con los países del Visegrado, especialmente con Polonia y Hungría, que se niegan a aceptar refugiados. Además, las criticas de distintas autoridades europeas a las políticas internas de estos países junto con el desarrollo de la idea de una “Europa a dos velocidades”  no han hecho más que añadir leña al fuego y potenciar el distanciamiento. Si bien estos desencuentros políticos no parecen haberse traducido en algún tipo de contraparte económica, Alemania debería actuar de forma más diplomática y cauta en su nueva Mitteleuropa, mucho más políticamente independiente y nacionalista que en el pasado.

Finalmente, la decisión del Reino Unido de salir de la Unión Europea, junto con la llegada al poder en Estados Unidos de Donald Trump en 2016 han sido duros golpes a la tradicional Weltpolitik alemana. El fin del tratado de Libre Comercio con E.E.U.U., las largas negociaciones del Brexit y la incertidumbre de la futura posición del Reino Unido suponen un riesgo para los negocios alemanes en esos y otros países y podría llegar a perjudicar a su economía si se conjuntara con otros factores o retrocesos en otras áreas. Como vemos, Alemania ha sido golpeada en todos sus frentes.

Por otro lado, si bien la elección de Macron como presidente de Francia frente a la euroescéptica Le Pen ha sido muy celebrada en la cancillería germana al dejar a salvo de la crisis geopolítica al tradicional Eje Franco-Alemán, también es cierto que los planes de Macron para la UE son más ambiciosos de lo que Alemania desea. Además, la caída de su popularidad interna  parece estar tratando de combatirla con una asertividad en sus políticas para con la UE y el exterior.

A un nivel interno la cuestión de los refugiados junto al posicionamiento alemán sobre la UE se han convertido en los ejes centrales en el discurso político alemán. Especialmente el caso de los refugiados, que ha desestabilizado por completo la política alemana con el auge de Alternativa por Alemania, primer partido de ultraderecha con representación parlamentaria desde 1948, algo impensable hace sólo unos pocos años. Los recientes resultados electorales van a obligar a una Merkel debilitada a formar una extraña coalición con verdes y liberales que tienen ideas contrarias entre sí, además de dificultarle conciliar la coalición con el giro a la derecha que quiere practicar para detener el avance de Alternativa por Alemania.

Con estas perspectivas de inestabilidad política interna e intereses diversos y contrarios en el gobierno alemán, parece que no será fácil encaminar a Alemania a la resolución de su crisis geopolítica. Merkel tendrá que hacer gala de sus mejores dotes diplomáticas y replantearse muchas de sus viejas políticas para enfrentar los riesgos internos y externos y retornar así a la estabilidad política dentro y fuera de sus fronteras. Por el momento ya ha señalado la cuestión ucraniana y el conflicto con Rusia como una de sus principales preocupaciones y donde planea ejercer su influencia. Sin embargo, no parece probable que Alemania se vaya a centrar en exclusiva en una sola área geopolítica y abandone su triple enfoque que tanta prosperidad e influencia le ha traído. Cómo vaya a equilibrar las tres tendencias en los próximos años es una cuestión fundamental para el futuro de Europa.

 


*Eliseo Fernández Fernández es politólogo especializado en Seguridad y Defensa internacionales, geopolítica y economía.

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ALEMANIA EN LA ENCRUCIJADA GEOPOLÍTICA