3 de mayo, 2017

*Adrián Ansede Taboada

 

La enquistada y larga rivalidad entre la India y Pakistán no es un tema completamente desconocido en Occidente, pero casi. Aunque apenas trasciendan noticias de lo que allí ocurre, se trata de un conflicto sumamente complejo que, desde la realización de sendos ensayos nucleares en 1998 por parte de ambos contendientes[1], viene marcado por una sucesión de intervalos intermitentes de escaramuzas a lo largo de la llamada «Línea de Control», frontera de facto en la región de Jammu y Cachemira. Una campaña de desgaste de baja intensidad que el pasado 18 de septiembre de 2016 dio pie a una nueva escalada tras el ataque contra un puesto fronterizo indio en la localidad de Uri, el cual se saldó con 19 soldados y los cuatro atacantes muertos y unos 30 heridos. Fue reivindicado por el grupo terrorista Lashkar-e-Taiba[2].

Para comprender las implicaciones, el contexto de fondo de tal suceso y el comportamiento de ambos actores, es necesario realizar un breve análisis de las peculiaridades del panorama estratégico de este conflicto, objetivo del presente artículo.

En primer lugar, ambos países conciben el arma atómica como un pilar esencial de su defensa. Pakistán alega limitar sus acciones a una mera reacción frente a los progresos de la India en su arsenal, mientras que para Nueva Delhi las armas nucleares constituyen un instrumento para proyectar su poder a una escala más global y alcanzar un estatus privilegiado ante la comunidad internacional. El desarrollo del IRBM (o ICBM, según las fuentes) Agni V, junto con el proyecto del Agni VI y el desarrollo de la «tríada nuclear», indica claramente que la India tiene sus miras puestas en disuadir a China, un gran rival en potencia con quien todavía mantiene una disputa histórica de índole territorial y con quien podría disputarse en un futuro no muy lejano el dominio del Océano Índico[3].

Segundo, la doctrina nuclear India mantiene el no primer uso del arma atómica, con los problemas y ventajas que esto le proporciona. Por su parte, la escasa profundidad estratégica de Pakistán y su inferioridad convencional frente a la India hacen que para Islamabad resulte irrenunciable la disposición a hacer el primer uso del arma atómica en un hipotético conflicto[4].

En tercer lugar, la alta inestabilidad estratégica del conflicto es aprovechada por Pakistán para atacar a la India, bien directamente o mediante proxies, de una manera continua pero de poca intensidad, por debajo del umbral nuclear. Como explica Paul Kapur, empleando como referencia la «paradoja de la estabilidad-inestabilidad» de la Guerra Fría, en el conflicto indo-pakistaní, al contrario que lo que ocurría entre Estados Unidos y la URSS, si una escalada al nivel nuclear no resultase posible o creíble, los efectos disuasorios del arsenal pakistaní se verían seriamente socavados y, por ende, el margen de maniobra de la India, ampliado. Por ello, Islamabad (actor revisionista altamente motivado) tiene la necesidad imperiosa de mantener un grado elevado de tensión[5].

Como consecuencia de todo esto, la India lleva más de una década tratando de desarrollar e implementar una nueva doctrina de guerra convencional, conocida como Cold Start, con base a la cual las fuerzas indias penetrarían rápidamente en territorio pakistaní y se detendrían tras avanzar unos 50 o 70 kilómetros; todo ello con el propósito de emplear el territorio conquistado como baza negociadora frente a Islamabad sin proporcionarle, al mismo tiempo, oportunidades de movilizar apoyos diplomáticos a su favor ni una justificación para emplear el arma atómica so pretexto de estar haciendo frente a una amenaza existencial para el Estado y la sociedad pakistaníes[6].

En quinto lugar, aunque oficialmente la India no ha reconocido la existencia de la doctrina Cold Start[7], la reacción de sus fuerzas armadas frente al mencionado ataque de Uri (infiltraciones transfronterizas de búsqueda y neutralización de terroristas)[8], alimentan la percepción pakistaní de que dicha doctrina es una política oficial que se está desarrollando de forma seria por parte de Nueva Delhi. Con base a tales percepciones se pueden explicar los desarrollos armamentísticos de Islamabad, encaminados hacia el despliegue de armas nucleares tácticas y misiles de crucero (Babur y Ra’ad) para negar un avance de fuerzas mecanizadas indias, junto con otros misiles balísticos (Shaheen III) capaces de privar a la India de su capacidad de represalia[9]. Además, cabe destacar la ausencia de estructuras de mando y control (C2) sólidas y bien desarrolladas por parte de ambos países, así como de líneas de comunicación directas entre sus respectivos líderes políticos y militares para dialogar y aclarar las situaciones de crisis. Esto podría ser un factor que alimentase los sentimientos de hostilidad y las percepciones erróneas.

Finalmente, considerando todo lo anterior, se puede afirmar que, en el ámbito nuclear, el conflicto indo-pakistaní se trata de un proceso de proliferación mutua retroalimentada por la motivación y percepción de ambos actores, que hasta la fecha tan sólo ha reforzado las tensiones, sin dar muestras de una posible desaceleración.


[1] La India ya había realizado una primera prueba nuclear en 1974, pocos años después de la entrada en vigor del Tratado de No Proliferación (TNP).

[2] Véase Daily Excelsior (22/09/2016). «Troops on high alert along LoC», http://www.dailyexcelsior.com/troops-high-alert-along-loc/.

[3] Véase Keck, Z. (15/12/2014). «India’s “Annihilator of Enemies” Submarine Begins Sea Trials», en The National Interest, http://nationalinterest.org/blog/the-buzz/india%E2%80%99s-annihilator-enemies%E2%80%99-submarine-begins-sea-trials-11856. Y del mismo autor (31/05/2015), «China Beware: India Tests Nuclear Missile That Can Reach Beijing», en The National Interest, http://nationalinterest.org/blog/the-buzz/china-beware-india-tests-nuclear-missile-can-reach-beijing-12167.

[4] Véase Latif, A. (2014). «A Comparative Study of Nuclear Doctrines of India and Pakistan», Journal of Global Peace and Conflict, vol. 2, núm. 1, pp. 129-146.

[5] Véase Kapur, S. P. (2005). «India and Pakistan’s Unstable Peace: Why Nuclear South Asia Is Not Like Cold War Europe», International Security, vol. 30, núm. 2, pp. 127-152. También: Krepon, M. (2003). «The Stability-Instability Paradox, Misperception, and Escalation Control in South Asia», en The Stimson Center, https://www.stimson.org/sites/default/files/file-attachments/stability-instability-paradox-south-asia.pdf. Y: Ganguly, S. (2008). «Nuclear Stability in South Asia», International Security, vol. 33, núm. 2, pp. 45-70.

[6] Véase Ladwig, W. C. (2008). «A Cold Start for Hot Wars? The Indian Army’s New Limited War Doctrine», International Security, vol. 32, núm. 3, pp. 158-190.

[7] Véase The Economist (31/01/2017). «What is India’s “Cold Start” military doctrine?», http://www.economist.com/blogs/economist-explains/2017/02/economist-explains?fsrc=scn/tw/te/bl/ed/.

[8] Véase Pant, H. V. (5/10/2016). «South Asia’s New Strategic Reality», en The Diplomat, http://thediplomat.com/2016/10/south-asias-new-strategic-reality/.

[9] Véase Shapoo, S. F. (1/02/2017). «The Dangers of Pakistan’s Nuclear Weapons», en The Diplomat, http://thediplomat.com/2017/02/the-dangers-of-pakistans-tactical-nuclear-weapons. Sobre las tendencias en el desarrollo de armamento nuclear y misilístico por parte de ambos contendientes, así como sus respectivas lógicas subyacentes, véase Dalton, T. Y Tandler, J. (13/09/2012). «Understanding the Arms “Race” in South Asia», en Carnegie Endowment for International Peace, http://carnegieendowment.org/2012/09/13/understanding-arms-race-in-south-asia-pub-49361.

 

 

*Adrián Ansede Taboada es Graduado en Ciencia Política y de la Administración, Universidad de Santiago de Compostela. Máster en Economía de la Escuela Austriaca, Universidad Rey Juan Carlos. Actualmente cursando el Máster en Paz, Seguridad y Defensa del Instituto Universitario General Gutiérrez Mellado (UNED)

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EL EQUILIBRIO ESTRATÉGICO DEL CONFLICTO INDO-PAKISTANÍ