25 Noviembre, 2014

Sergio Galán *

La historia del pequeño Nicolás es la demostración de la clara degradación a la que ha llegado la partitocracia en este país.

Un chaval que se infiltra en todas las estructuras del estado, Casa Real, Moncloa, CNI y de la estructura del partido del gobierno.

Parece imposible pero analicemos sus características: Es un tipo que concuerda físicamente con la etiqueta de lo que se espera a simple vista de un joven cachorro del PP.

Se trata de un joven que conoce los nombres de los responsables de los gabinetes de Moncloa, de Casa Real, de las secretarias del PP, del Ayuntamiento de Madrid, de CNI y que usando cierta credibilidad (quizá autoconvencido de su “importante” papel en el Estado) va hablando con unos y con otros hasta lograr convencer a todos de que el tiene un hueco en la estructura del poder.

 Esta historia, aunque nos pueda sorprender, es exactamente la misma que la de cualquier político de nuestro país. Gente que lo único que han hecho para llegar a ser ministros es codearse con pseudo-amigos, correligionarios de partido, y gente de una élite que domina España desde la transición.

Para hacer este “esfuerzo” de relaciones personales hasta llegar a ser ministros lógicamente hay que ir todos los fines de semana a cada una de las reuniones del partido, acompañar a todos los actores de estos actos, tener algún seguidor (no muchos si pertenecen a la élite) dentro de las estructuras, sonreír las tonterías de unos y de otros, creerte algo en la vida, guardar una etiqueta, unas formas y ya está.

Pasado el tiempo, si has logrado tocar las teclas adecuadas y apostar por algún caballo ganador, llegas a ser algo en el establishment que maneja los hilos.

Ningún merito es necesario para llegar a ser algo en la élite que nos gobierna por dentro y por fuera del gobierno (recordad que Nicolás estuvo viviendo en una casa de lujo que pertenecía a una constructora vinculada a construcciones publicas de alto calado).

Lo mas triste de todo es la evidencia de que con este sistema de ascenso sin merito que ha regido nuestras estructuras se crea una selección perversa para que tan solo los mas caraduras y los mas ignorantes lleguen a las estructuras de poder.

No es de extrañar que luego salgan los casos de corrupción que nos salpican cada día. Me explico: ¿por qué pensáis que la Ministra de Trabajo no ha trabajado nunca? ¿ Por qué pensáis que el nivel educativo y formativo de muchos de nuestros ministros y políticos es tan bajo? ¿Por qué pensáis que la Ministra de Sanidad no tiene ni idea de salud publica?… En definitiva, ¿por qué pensáis que los presidentes de uno y de otro partido apenas hablan ningún idioma que no sea el español y hasta éste tan deficientemente que ni siquiera se les entiende cuando hablan?. Pues por una sencilla razón:

¡Porque no lo necesitan!. 

Mientras que estos individuos están labrándose su carrera en la élite a base de comidas, reuniones de partido, otorgándose privilegios y pasando la mano por el lomo de los que consideran caballos ganadores en la carrera por el poder, simplemente no tienen tiempo de hacer lo que hacen el resto de los españoles: Trabajar, estudiar, vivir al pie de calle, viajar, aprender idiomas, conocer el España y el mundo , las diferentes culturas y perspectivas de vida que enriquecen nuestro país.

Pequeño Nicolás.

Esta es la razón por la que los que nos gobiernan son los peores de nuestra sociedad. Los que no conocen mas que la realidad de la élite partidista, porque es a ella a la que deben sus esfuerzos para llegar y no a sus propios méritos.

Los que no saben ingles, ni francés, ni catalán ni gallego, ni vasco porque viajar es alejarse de las reuniones del partido.

Los que no tienen nada que aportar porque nunca trabajaron ni cotizaron porque estaban atareados amasando los peldaños de su escalera de ambición entre los que manejan los hilos.

Los que nunca fueron a la universidad ni hicieron una tesis, ni se sentaron a escribir, a pensar, a crear, porque esas labores les alejaban de único ascensor posible para sus ambiciones que no son sino asistir todos los fines de semana a los mitines de sus ídolos de papel, es decir, a “figurar” con el objetivo de ganarse un puesto.

Seamos lógicos. Si uno se presenta a un puesto de trabajo de lo que sea lo primero que tiene que presentar es su curriculum.

Se entiende que a través de ese C.V. uno pretende mostrar lo que sabe hacer y el valor añadido que aportaría al puesto al que se presenta.

Para esto muestra los idiomas que conoce, los estudios que tiene, la experiencia que tiene profesional y personal en la vida.

¿Por qué no ocurre esto en la política actual en nuestro país ? ¿ Por qué no podemos elegir a un presidente que simplemente sepa ingles, o que sea experto en política internacional, o a una Ministra de Trabajo que tenga amplia experiencia en ser autónoma?.

Ellos dicen que “la política es otra cosa”, que se puede ser una excelente ministra de sanidad sin saber lo que es la salud publica.

En parte tienen razón. O al menos, aparentemente. Rodeándose de numerosos y caros asistentes de confianza suplen el enorme desconocimiento que tienen los políticos de TODO pues han dedicado su carrera a “codearse para llegar”.

 El problema real es que mientras que esos asistentes dicen a los Ministros, a los Secretarios de Estado y a los Directores Generales lo que tienen que hacer o decir la Administración Publica (que es de todos los ciudadanos y a donde los funcionarios han llegado por conocimiento y por oposición) se desprovee de todo sentido pudriéndose y siendo literalmente fagocitada por los partidos para poner al servicio de los políticos lo que debería estar al servicio de todos los ciudadanos.

¿Cómo puede ser que cuando cambia un gobierno hasta los Directores de Departamento en un ministerio cambien y sean elegidos a dedo por el partido ganador?.

 ¿Es que no hay funcionarios públicos expertos en cada tema para ejercer de directores de departamento y de Directores Generales?

En mi andadura por la Administración he sido testigo de la selección de Directores Generales que no tenían ni idea de las tareas que se le asignaban por designio divino y que despreciaban al cuerpo técnico de la administración rodeándose de “personas de su confianza” para que les dijeran lo que tenían que hacer o decir debilitando la estructura de la Administración, dificultando con ello el control de la actividad que debe de hacer ésta de la calidad y factibilidad de las políticas publicas que se definían por sus propios partidos.

Un país con una democracia real y trasparente no puede permitir que haya ningún cargo a dedo designado por color político mas allá de un Ministro o un Secretario de Estado.

El resto de la Administración (incluidos los Directores Generales) han de pertenecer siempre a un cuerpo técnico especializado que pueda y deba cuestionar la factibilidad y garantizar el control del pueblo a las políticas de cada ciclo de gobierno.

Hasta que eso no ocurra seguiremos teniendo una democracia débil, inestable, sometida a los cambios de los designios de políticos trasnochados ignorantes de todo conocimiento de la realidad que vive su pueblo.

El modelo óptimo se conseguiría cuando un partido o un Presidente de Gobierne pueda ser sometido a control directo de su programa a través de un contrato social por ejemplo.

¿Que pasaría si os contratan para hacer algo y una vez contratados hacéis lo que os da la gana? Pues que la empresa en cuestión tiene los mecanismos adecuados para valorar lo que hacéis, medir si vuestra ejecución está relacionada con lo que ponía vuestro CV y la labor que se os encomendó.

¿Y si ésto ocurre para todos nosotros cuando se nos encomienda una labor por qué no ocurre con los que nos gobiernan?.

Aún recuerdo las palabras de nuestro actual e ínclito Presidente cuando dijo:  Haré lo que haya que hacer cuando haya que hacerlo aunque haya dicho que haría todo lo contrario”.

Esta es la esencia de la falta de democracia en nuestro país. Nuestro voto cada 4 años es un acto de fe. Votamos sin conocer las aptitudes de quien votamos, votamos sin conocer quien será ministro y si sus capacidades son las adecuadas para el puesto, votamos sin saber quien será el Director General que indicará cómo se aplican las políticas en cada ministerio, votamos sin capacidad de control de lo que hemos votado, sin poder rescindir el contrato a quienes nos gobiernan por una gestión inadecuada y ahora con la experiencia del pequeño Nicolás sabemos también que votamos a una élite endogámica que ha sido autoseleccionada de forma perversa pues los que llegan son siempre los mas tontos, los que menos estudios tienen, los mas alejados de la realidad, los que menos idiomas saben, los que simplemente han sentado su culo en las sillas adecuadas durante decenios esperando que les llegara la hora de gobernar.

La historia de Pequeño Nicolás es la demostración clara de cuan podrida está nuestra democracia y cuan tolerantes somos con esta basura.

Este país necesita un cambio profundo ya.

Nunca hubo una ciudadanía tan digna y preparada gobernada por una jauría de ineptos tan grande como en nuestra querida España.

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EL PEQUEÑO NICOLÁS… LA DEGRADACIÓN DE UN PAÍS