28 de marzo, 2017

*Eliseo Fernández Fernández

 

La energía nuclear en España viene teniendo mala prensa desde hace años. Parece que los ecologistas y demás grupos contrarios a esta fuente de energía han ganado la batalla en el campo de las relaciones públicas. La causa de ello no es sino el miedo, el temor de los españoles a un accidente nuclear catastrófico como los vividos en Chernóbil y Fukushima, además del poco valor de los políticos a la hora de abordar cualquier tema medianamente conflictivo a pesar de las consecuencias.

Lo cierto es que, a pesar de todo ello, la energía nuclear sigue siendo muy importante para España, con el 20,4% de la producción eléctrica[1], es la segunda en importancia y la que más contribuye a la estabilidad del sistema energético. Existen actualmente en España seis centrales nucleares con siete reactores activos, más otra central, Santa María de Garoña, en situación de parada, pero que podría reabrirse nuevamente.[2] Estas centrales son casi todas relativamente modernas y las últimas de ellas, llamadas de Tercera Generación, fueron construidas en un 85% por empresas españolas, con lo que se avanzaba a la plena autonomía en tecnología nuclear.

Sin embargo la llegada al poder de Felipe González y del PSOE en 1982 dio lugar a la moratoria nuclear, paralizándose así la construcción de nuevas centrales y no llegándose a poner en funcionamiento la terminada central de Lémoniz y paralizándose otras en avanzado estado de construcción, lo que supuso grandes pérdidas económicas y la congelación del desarrollo de una industria nuclear que podría haber puesto a España entre las principales potencias tecnológicas en este sector. Esta decisión ha sido cuestionada por el mismo que la tomó[3].

Hoy en día la tecnología nuclear ha avanzado mucho, claro que fuera de España, tanto en seguridad, como en eficiencia y en la vital eliminación de residuos radiactivos. Si se emprendiera a día de hoy un plan de nuevas construcciones nucleares, España podría verse liberada de la dependencia de los combustibles fósiles en la generación de electricidad en pocas décadas, puesto que la demanda quedaría cubierta por las energías renovables y la nuclear. Veríamos así fuertemente reducida nuestra emisión de carbono, con la positiva consecuencia de un aire más limpio en nuestro país.

En el plano geopolítico nos introduciría en el club de países desarrollados que poseen gran capacidad nuclear y que, casualmente, son algunos de los más ricos y avanzados del mundo, como Japón, Corea del Sur, Estados Unidos, Canadá, India, Francia o Reino Unido. Limitar nuestra dependencia del crudo es vital teniendo en cuenta las creciente inestabilidad en Oriente Medio y el Magreb. Además revalidaría nuestra potencialidad para desarrollar y producir armas nucleares, lo que constituye un poderoso argumento disuasorio contra cualquier posible enemigo.

Junto a ello también se relanzaría la investigación y el desarrollo tecnológicos, de tanta importancia en nuestros días, en la materia nuclear y en distintos sectores relacionados. La necesidad de contar con personal bien formado y altamente especializado, junto a las posibilidades económicas, todo ello crearía empleo de calidad y fuertemente estable, algo que a España no le vendría nada mal.

El problema de fondo, como comentábamos al principio, viene dado por la batalla en el campo de la comunicación y la opinión pública. Casi ningún partido se muestra favorable al desarrollo nuclear, y se ha venido imponiendo un curioso statu quo, por el que se va manteniendo la capacidad instalada, con actualizaciones y renovaciones, cerrándose las centrales más antiguas y tratando de estirar al máximo las actuales, todo con tal de ir tirando la pelota nuclear más y más hacía el futuro, con la intención electoralista de no abordar el problema.

Los modernos ecologistas han triunfado allá dónde los luditas no pudieron en el siglo XIX, cualquier tecnología considerada peligrosa, dañina o contaminante por estos grupos es fuertemente perseguida y atacada. A la larga es peligroso su triunfo; durante el siglo XIX, aquellos países que limitaron o abortaron su desarrollo tecnológico con la esperanza de mantener las viejas relaciones sociales y de poder, lograron perpetuarse algún tiempo más, para finalmente caer y sufrir un retraso que tardarían años en compensar, en los casos en que se ha podido.

Es curioso cómo han podido conseguir que en nuestra sociedad, que esta altamente concienciada y a favor del progreso tecnológico, hayan logrado alejar del debate público durante tanto tiempo esta vital cuestión. Les ayuda también la falta de valentía política, que evita entrar en temas polémicos, ni siquiera para discutirlos. Es por ello que me he animado a escribir este escueto artículo, una pequeña contribución para intentar cambiar este hecho y tratar de devolver el crucial asunto de la Energía Nuclear al debate político.

 

*Eliseo Fernández Fernández es politólogo especializado en Seguridad y Defensa internacionales, geopolítica y economía.


Referencias

[1]http://www.minetad.gob.es/energia/balances/Balances/LibrosEnergia/Energia_2015.pdf

[2]http://politica.elpais.com/politica/2017/01/23/actualidad/1485192984_543040.html

[3]http://elpais.com/diario/2006/10/21/internacional/1161381606_850215.html

 

 

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ESPAÑA NECESITA (RE)NUCLEARIZARSE