27 Septiembre, 2014

* Jacint Berengueras

 

Formación disrruptiva

” (…) Lo que no tenemos, en otras palabras, son pensadores. Gente capaz de pensar por sí misma. Gente que pueda formular una nueva dirección: para un país, para una corporación o una universidad; un nuevo modo de hacer las cosas, una nueva manera de mirar a las cosas. Gente, en otras palabras, con visión (…)” -William Deresiewicz-

¿Por qué William Deresiewicz hace una crítica tan descarnada de las instituciones educativas que conforman la Ivy league y de sus alumnos?

Más allá de la polémica creada al llamarles borregos excelentes, subyace una realidad incómoda: Los “líderes” que producen estos centros son poco más que piezas de maquinaria que permiten mantener el sistema en funcionamiento.

La SEI, la Escuela de Inteligencia Económica de la Universidad Autónoma de Madrid, institución a la que agradezco me haya permitido compartir con Uds. estas líneas, es un proyecto académico que promueve una visión innovadora de lo que deben ser los profesionales de inteligencia del S XXI, así como el desarrollo de las aptitudes necesarias para tal cometido: sus alumnos deben conocer las herramientas intelectuales para relacionar materias, profundizar en ideas, elaborar teorías propias sólidas, y aprender a ser crítico con lo que leen o se les explica.

Aunque los servicios de inteligencia han estado históricamente vinculados al poder político y religioso con una vertiente mucho más bélica, el análisis de información relacionada con la economía, las relaciones internacionales o la tecnología ha ido ganando mayor relevancia desde el inicio de la revolución industrial, dándose en nuestros días la situación de que hay más necesidad que conocimiento de este tipo de servicios y profesionales.

La gestión de los problemas del siglo XXI requiere mentes diletantes, con capacidad de interconectar ideas y conceptos, creatividad, y capacidad de pensamiento lateral para solventar retos; desde los individuales o locales a los problemas globales. Los padres fundadores de EEUU o los artistas renacentistas son ejemplos ilustrativos del tipo de perfiles humanos y profesionales que se necesitan actualmente y más que en ningún otro momento de la historia.

Deep learning, computación cuántica, energías renovables, impresoras 3D, big data, drones, nanotecnología, metamateriales… Estamos a las puertas de profundos cambios en nuestro modelo económico, productivo y social, lo queramos o no.

Los procesos de producción con coste marginal cero están a la vuelta de la esquina, se destruirán aproximadamente, el 60% de las profesiones actuales y se crearán nuevas necesidades profesionales que aportarán un mayor valor añadido: Este panorama es aterrador y apasionante almismo tiempo.

El miedo a lo desconocido, la resistencia al cambio, es una constante desde el inicio de la historia de la humanidad, y no debemos desechar el conocimiento acumulado por las generaciones anteriores… pero tampoco hay que esperar permiso de los productores de velas para apostar decididamente por la electricidad.

*Jacint Berengueras es CEO de Occinance.

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