26 de noviembre, 2016

*Eliseo Fernández Fernández

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El geógrafo Halford John Mackinder, a principios del siglo XX, con un corto articulo vino a desarrollar una de las más importantes, controvertidas y estudiadas teorías geopolíticas, la existencia de un Pivote Geográfico de la Historia. A grandes rasgos Mackinder sostenía que la historia de las grandes regiones del gran continente euroasiático y de las civilizaciones que las ocupaban, se había visto en gran medida determinada por los movimientos e invasiones de pueblos nómadas pobladores de la gran región central del continente, que a lomos de sus caballos podían avanzar desde su posición central lo mismo a China, que por las estepas ucranianas hacía el corazón de Europa, como hicieran Atila o Gengis Khan.

En su época Mackinder se mostraba preocupado de que una nueva potencia volviera a hacer uso de éste Pivote geográfico provisto de uno de los grandes inventos del siglo XIX, el ferrocarril. “Los ferrocarriles transcontinentales están transformando las condiciones del poder terrestre, y en ningún sitio tiene tal efecto como en la cerrada tierra-corazón del continente de Euro-Asia…Los ferrocarriles funcionan de maravilla en la estepa, porque reemplazan directamente la movilidad de caballos y camellos” (1) No es casual el año de publicación del articulo, 1904, que coincide con la inauguración del Ferrocarril Transiberiano y el comienzo de la Guerra ruso-japonesa.

Los grandes proyectos de infraestructuras ferroviarias y de otra clase durante el siglo XIX y principios del XX son constantes y en gran medida relacionados directamente con el colonialismo y los equilibrios de poder entre las potencias. Ejemplos de ellos son los canales de Suez y Panamá, y las grandes líneas ferroviarias planteadas al mismo tiempo que se daba la expansión colonial. Uno de los primeros ejemplos lo tenemos en el propio ferrocarril transcontinental norteamericano, terminado en 1869 y que promovió la expansión hacía el famoso salvaje oeste. El Imperio británico también se involucró en esta clase de proyectos, primero con la construcción de los ferrocarriles de la India y la famosa línea que unía Bombay con Calcuta pasando por Delhi, pero su mayor proyecto en éste sentido fue el inacabado ferrocarril del Cabo al Cairo, patrocinado por Cecil Rhodes.  Francia se planteó la construcción de otro ferrocarril transcontinental africano, éste de Dakar a Djibouti, que no podría llegar a plantearse dados los conflictos con los británicos que terminaron con el famoso incidente de Fachoda. Alemania por su parte también se embarcó en ésta clase de proyectos, con el ferrocarril de Berlin a Bagadad, que uniría toda Europa Central con Oriente Medio a través de las actuales Turquía, Siria e Irak, proyecto que quedó inconcluso al estallar la Gran Guerra poco antes de su finalización.

Pero era el último movimiento ruso en el viejo Gran Juego que sobre Asia llevaba produciéndose entre los Imperios ruso y británico lo que preocupó a Mackinder y le llevó a desarrollar su teoría. Con la zona pivote controlada por Rusia y entrando en juego el ferrocarril transiberiano y sus futuras expansiones, los Zares y sus sucesores podían desplazar tropas alrededor de todo el continente desde el Pivote continental, lo mismo a Manchuria, que a Persia, que a la frontera con el Raj. Durante el resto del siglo esta teoría jugaría un importante papel en la geopolítica, influenciando las teorías de otros como Haushofer o Spykman, continuando el debate hasta hoy.

Con la caída de la URSS esta vasta región se convirtió de nuevo en una especie de margen desconocido del mapa, la región de los tanes, y no volvió a entrar en el Juego geopolítico mundial de manera sobresaliente hasta el 2001 y la invasión de Afganistán. Pero no han sido los movimientos americanos o rusos en la región los que han emulado aquellos de finales del siglo XIX y primeros del XX que preocuparon a Mackinder y lo llevaron a desarrollar su influyente teoría.

Más bien es la gran potencia emergente del siglo XXI, China, bajo la visión política y económica que Deng Xioaping (curiosamente nacido también en 1904) le dio a finales del siglo pasado, la que lidera un proyecto similar a aquellos mencionados. China, en consonancia con las nuevas tendencias geopolíticas de la Globalización, expande su poder e influencia mundiales a través del comercio y la economía, y para no depender en su actual expansión de las rutas establecidas y controladas por los poderes occidentales ha empezado a crear las suyas propias. La Nueva Ruta de la Seda, con su parte terrestre y su parte marítima mediante la Estrategia del Collar de Perlas. En su parte terrestre la Nueva Ruta de la Seda emplea partes de líneas ya construidas como el Transiberiano y las expande por otros países, especialmente Kazajistán, pero además el proyecto no se limita sólo a los ferrocarriles, si no que pone especial énfasis en los oleoductos y gaseoductos, de importancia capital hoy en día, pero con escasa relevancia en 1904 en plena era del carbón y del vapor. China se proyecta así sobre la tierra-corazón que sirve de base a futuras expansiones, los ramales de la línea principal que se destacan sobre Birmania y Pakistán son de especial importancia por la proyección sobre el subcontinente indio y en el futuro se plantean expansiones de la ruta en dirección a Europa y Oriente Medio.

Pero ya en 1904, con una China decadente e inmersa en distintos conflictos internos, a la par de humillada por las potencias Occidentales y Japón, Mackinder ya advertía las posibilidades de que el gigante asiático se hiciera con el control del pivote mundial “ellos podrían constituir el peligro amarillo para la libertad del mundo sencillamente porque añadirían un frente oceánico a los grandes recursos del continente, una ventaja por ahora negada a la tenencia rusa de la región pivote” (2). El nuevo proyecto parece además seguir esta línea, combinando la parte marítima y la terrestre, además no existe hoy en el mundo proyecto tan ambicioso como éste en la materia de las grandes infraestructuras, no nos encontramos ya ante un mundo cerrándose en la última fase de la expansión colonial con alto nivel de competencia entre las potencias, sino en un nuevo escenario con potencias en declive, y China destacándose con diferencia entre aquellas en ascenso. La inexistencia de otros grandes proyectos de este estilo parece una clara muestra de esta tendencia. Es por todo ello que Mackinder esta muy de actualidad, y aunque su teoría ha sido muy discutida y se le podrían hacer muchas objeciones el hecho cierto es que lo que es innegable es su influencia en el pensamiento geopolítico y en la propia actuación de los Estados, como vienen
demostrando repetidamente. Conviene revisar los clásicos para poder analizar con algo más de perspectiva, y como el propio Mackinder hacía tratar de ver los acontecimientos históricos dentro de tendencias mayores y más a largo plazo que pueden pasar desapercibidas a primera vista.

*Eliseo Fernández Fernández es politólogo especializado en Seguridad y Defensa internacionales, geopolítica y economía.

1 Pág 434. Mackinder, Halford J.The Geographical Pivot of History. The Geographical Journey, Vol 23, No. 4. (Apr.,1904), 421-437. (Traducción propia) 
2 Pág 437. Mackinder, Halford J.The Geographical Pivot of History. The Geographical Journey, Vol 23, No. 4. (Apr.,1904), 421-437. (Traducción propia).

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