26 Enero, 2015

* Fernando Esteve Mora

* José Manuel Rodríguez

La creciente internacionalización de las empresas españolas las ha enfrentado a la cruda realidad  de una nueva amenaza que se suma a los habituales riesgos de tipo económico y regulatorio que la expansión en otros mercados supone: el riesgo de secuestro y extorsión de su personal, ya que no es infrecuente que las mejores oportunidades de negocio se encuentren en zonas peligrosas para la seguridad física de sus trabajadores. Como era de esperar el mercado ha respondido a la necesidad de cubrir estos nuevos riesgos y existe ya un buen número de compañías aseguradoras que ofrecen variadas coberturas  frente a estos riesgos para la seguridad personal.

Desde que en 1957 el Premio Nobel Thomas Schelling inaugurase la Economía de los Secuestros al plantear  lo que se conoce como dilema del secuestrador,  el “curioso” dilema al que se enfrenta un secuestrador que se arrepiente de su acción y se plantea  liberar a su rehén dado que, si lo libera, puede estar seguro de que éste, una vez libre, tendrá el claro incentivo a denunciarlo a la policía por mucho que jure que no lo hará, mucho se ha avanzado en  el análisis de este tipo de situaciones y se dispone ya de buen número de estrategias  útiles a la hora de afrontar la gestión de estos riesgos de secuestro y extorsión. Un primer paso en esta tarea consiste en la tipificación de los riesgos de secuestro en atención tanto a las  características de los  secuestrados como al tipo de rescate pedido. Así, esa gestión  va  a depender en grado sumo  de si el secuestrado es un empleado de las Administraciones Públicas,  de alguna entidad del sector privado (empresas u ONG) o bien es un individuo particular, un turista. En cuanto al rescate este puede ser monetario, en términos de concesiones políticas u adoptar otra forma (recuérdese, como ejemplo, el rescate en forma de cometer un acto de zoofilia televisado por parte del primer ministro de Gran Bretaña en uno de los capítulos de la serie de ficción Black Mirror).

Riesgo de secuestro

Estas distinciones son importantes porque en el perverso “mercado” que se establece en un caso de secuestro (perverso porque no se trata de un mercado al uso ya que no hay voluntariedad de una de las partes), un mercado donde el secuestrador actúa como único “vendedor” de un “producto” (el secuestrado) a un único “cliente” (la institución que respalda al secuestrado) hay dos aspectos que son claves. En primer lugar está lo que podríamos denominar  la  disposición a  asumir  por parte del “cliente” el fracaso de la negociación, pues conforme esa disposición sea más elevada menor será el poder de negociación de los secuestradores. A este respecto, hay que acentuar que en el comportamiento de los Estados pesan fuertemente la perspectiva de largo plazo, el interés general y la idea de lo que se conoce como riesgo moral: la obvia noción de que el pago de un rescate incentiva futuros secuestros. Todo ello se traduce en la existencia de una clara

motivación por parte de los estados a  no negociar, y menos aún si el rescate asume formas no pecuniarias. Es por otro lado enteramente comprensible que  tales consideraciones generales y de largo plazo pesen poco o nada en el comportamiento y predisposición a negociar de empresas y familias cuando  se enfrentan al hecho probablemente irrepetible del secuestro de unos de sus miembros. Ahora bien, en tanto que todos los países manifiestan públicamente su negativa a transigir y negociar con los secuestradores con los previsibles efectos que ello tiene sobre los secuestrados, en la práctica parece que en el mundo occidental salvo algunos como EE.UU y Gran Bretaña, lo habitual es que los demás, incluida España, negocien indirectamente con los secuestradores al menos si el rescate adopta una forma monetaria.

El segundo aspecto clave en caso de secuestro es la necesaria ocultación de la capacidad de pago del secuestrado pues esa es una información clave en un proceso de negociación.  Resulta obvio que los secuestradores disponen de menos información respecto a dicha capacidad que el secuestrado, y cuanta menos información posean mejor. Se da así la paradójica situación de que, dado que la fuente de información más fiable para los secuestradores respecto a esa capacidad puede venir del propio secuestrado, es pieza clave en la gestión de un  secuestro el que la víctima tenga cuanta menos información sea posible respecto a la existencia  y cobertura de un seguro de secuestro pues ello será  determinante para que los secuestradores obtengan el menor rendimiento posible de su “actividad profesional”. Dicho de otra manera, la existencia de los seguros contra el secuestro y la extorsión debe ser información altamente confidencial.

Lo anterior lleva inevitablemente a la consideración del papel de la parte más débil en este terrible asunto: el secuestrado. Su capacidad personal de soportar las penurias e incertidumbres del cautiverio junto con sus habilidades para manipular o influir en  los secuestradores son,  obviamente,  factores clave en el poder de negociación de los suyos. A este respecto hay que señalar que estas capacidades pueden de alguna manera ser adquiridas. Es necesario, por tanto que las empresas y administraciones públicas españolas se planteen la necesidad de formar a su personal susceptible de secuestro y extorsión en estas capacidades y habilidades que van desde el manejo de técnicas de inteligencia y el conocimiento y puesta en práctica de medidas de autoprotección y prevención hasta el dominio de las técnicas de negociación que provienen de la Teoría de Juegos y de la Psicología de la Influencia y de la Persuasión.

A este respecto es obligado  señalar aquí que desde el sector público existe ya un programa que está empezando a afrontar estas necesidades. Se trata del programa “Plus Ultra”  del Servicio de Protección y Seguridad de la Guardia Civil (SEPROSE), que asesora en materias de seguridad a cualquier empresa española que tenga que afrontar estos riesgos en sus actividades exteriores. A tenor de la inevitable y creciente inserción de las empresas españolas en el proceso de globalización  resulta claro que el fomento de este programa en el marco de una  colaboración amplia entre el sector público y el privado en materias de gestión de los riesgos para la seguridad personal  ha de ser considerado pieza central de una política de apoyo a la internacionalización de la economía española.

P.S.: En el caso del dilema del secuestrador, Schelling aportó una ingeniosa solución al mismo: que el rehén contase a su  secuestrador un secreto personal inconfesable o realizase ante él un acto vergonzante que le sirviesen como garantía de que el rehén mantendrá su palabra de no denunciar a su secuestrador una vez liberado.

* Fernando Esteve es Doctor en Economía por la Universidad Autónoma de Madrid, profesor titular de Fundamentos del Análisis Económico, de la Facultad de Económicas de la UAM y Director de la Escuela de Inteligencia Económica. 

* José Manuel Rodríguez Rodríguez es Subdirector del Master de Inteligencia Económica. Escuela de Inteligencia Económica (La_SEI).

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RIESGO DE SECUESTRO E INTERNACIONALIZACIÓN DE LAS EMPRESAS